"Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías..." (Julio Cortázar)

Defensa de Antonio Gamoneda


Hablan autoritarios los mismos de siempre para poner a Antonio Gamoneda en la picota y hacer de sus palabras sangriento escándalo, porque opinó y porque opuso, qué crimen más singular, una poética a otra, a la otra. Hay gustos y regustos. Los de siempre, los charlatanes, los palabreros, dejanme regusto (a rancio); pagados de sí mismos, se despachan a gusto con Gamoneda. "Ay, ay, ay…, poeta leonés", parecen decirle, "hay que transitar la senda de lo políticamente correcto, no me toques a Benedetti ni a Ángel González"; así que expresar opiniones literarias teniendo en cuenta sólo la literatura, y no los mitos, significa, en este país de necios y de botarates, que, por supuesto, se suman a la causa, habérselas con ese cuerpo socio literario al uso, con esa reata de pensadores y de cantantes cantantes, de bardos y (dizque) críticos, que juegan a la poesía del gran público como si los versos fueran churros, y que pretenden sustituir poesía por palabrería, ñoñez, casticismo, ripio, realismo, calle, borrachera, o frívola acción, confusión, el culo con las témporas, y nada más; pero no es eso debate literario, y, por eso, son incapaces de ser polémicos, no llegan a la altura de Gamoneda y no saben rebatir; así que sólo descalifican, insultan, hacen lo que saben hacer, no poesía, no poética, no lección. Churros nada más.
Como la poesía es para leerla, tengo el gusto (ya no el regusto) de seguir leyendo a los grandes, a Garcilaso, a Góngora, a Quevedo, a Lope, a Machado, a fray Luis de León, a Cernuda, a JRJ, a Pedro Salinas, a Lorca, José Hierro, el Arcipreste de Hita, Bécquer, Claudio Rodríguez, Brines, Alberti, Augusto Ferrán, Rubén, Unamuno, Antonio Gamoneda…, qué lista tan larga me saldría, y eso que sólo apunté españoles.
Siempre se quejan los del quiero y no puedo. Los que quieren hacer de la poesía el mismo circo que han hecho de tantas otras cosas. Pero, ay amigo, la poesía no se deja. Por lo menos mientras haya Gamonedas. Mientras haya poetas de verdad.
No. No se deja.
Así que, sigue siendo tú, Antonio. Otros echan sapos, no poesía, por la boca, por oirte decir lo que dices, opiniones fundadas, respetuosas y literariamente aceptables; por eso, a mí, tus palabras suelen servirme de lección, y me huelen a limpio. Como tus poemas. Contigo aprendo. Contigo disfruto. Contigo sé que la palabra, la revelación, la música; contigo sé que la poesía; contigo sé que. Gracias, Antonio. Antonio Gamoneda.

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